Marroquinería en Fuerteventura: el oficio del cuero trabajado a mano

La marroquinería en Fuerteventura es uno de esos oficios que rara vez ocupan un titular, pero que llevan generaciones dando forma al cuero a mano en la isla. Combina memoria ganadera y técnica artesanal con una vocación cada vez más contemporánea.

Marroquinería en Fuerteventura: un oficio con raíces en el curtido tradicional

Antes de que existiera la marroquinería tal y como se entiende hoy, el cuero ya tenía un lugar central en la vida majorera a través del curtido tradicional. En las tenerías de la isla, las pieles se transformaban con sal, agua, cal, excremento de perro y zumaque (Rhus coriaria) como curtiente vegetal para convertirse en zapatos, zurrones, correas, bozales, cinchas y otros aperos pensados para el trabajo diario del campo y el ganado (Cabrera Robayna, Antonio (2025) La Tenería de Mésque. La última tenería de Canarias. Servicio de Publicaciones. Cabildo de Fuerteventura. Enlace interno sugerido: «Las tenerías de Fuerteventura», 12/06/2025). Aquella necesidad práctica, la de convertir la piel del ganado en algo útil y duradero, es la misma que hoy sostiene la marroquinería en Fuerteventura, aunque el resultado final haya cambiado de forma.

La cabra majorera, origen de la materia prima

Fuerteventura ha sido, durante generaciones, una isla ganadera, y la cabra majorera, su raza autóctona, ha estado en el centro de esa actividad. De ese ganado salía buena parte de la piel que después pasaba por las tenerías para convertirse en cuero. No es casualidad que el curtido, y más adelante la marroquinería, hayan tenido siempre un lugar en la isla: la materia prima estaba, literalmente, en el campo majorero, tan presente como el propio ganado del que dependían muchas familias.

Aquel cuero también daba forma a la guarnicionería de los animales de carga: los aparejos de burro y camello que durante siglos hicieron posible moverse por una isla sin apenas vehículos, y que todavía hoy pueden verse en tradiciones como la Romería de la Peña, donde algunos romeros llegan a lomos de estos animales.

Cómo se transforma el cuero en un oficio artesanal

El paso de la piel curtida a la pieza terminada pasa por varias manos, casi siempre las mismas. Primero se selecciona el cuero según el grosor y el uso que se le quiera dar; después llega el corte, que en marroquinería artesanal se hace a medida y sin apenas desperdicio. La costura, cuando es a mano, se hace punto a punto con hilo encerado, y los remaches, hebillas o cierres se colocan al final, cuando la pieza ya tiene su forma definitiva. Es un proceso lento, muy distinto al de la producción en serie, y esa lentitud es precisamente lo que da a cada bolso, cartera o cinturón hecho en la isla un carácter que no se repite de una pieza a otra.

Las manos que mantienen vivo el oficio en la isla

En Fuerteventura conviven distintas trayectorias dentro de este oficio. Manuel Cruz, marroquinero con taller en Los Estancos, empezó a trabajar el cuero a los 15 años, desmontando y volviendo a montar piezas para entender por su cuenta los secretos del oficio. Más de cuatro décadas después, sigue en ello, y ha dedicado parte de ese tiempo a investigar las técnicas tradicionales de la isla, con el objetivo de que ese conocimiento no se pierda.

Vanessa Lobo, al frente de Cuero10Artesanía, llegó a Fuerteventura desde Madrid hace ya nueve años. Mostró inclinación por los oficios artesanos desde muy joven, y esa curiosidad la llevó a formarse en la Escuela de Artes Aplicadas de Madrid antes de encontrar en la isla el lugar donde asentar su propio taller. Uno representa la memoria más artesanal del oficio; la otra, su lado más actual, llegado de fuera pero ya arraigado en Fuerteventura. Entre los dos, se entiende bien por qué la marroquinería sigue teniendo sitio en la artesanía majorera.

Un oficio entre la tradición y el diseño

La marroquinería en Fuerteventura demuestra que un oficio no tiene que elegir entre lo tradicional y lo contemporáneo: puede sostener las dos cosas a la vez. Ha ido adaptándose a los cambios sociales y económicos de la isla sin perder su base, la del trabajo manual del cuero, y en ese recorrido ha pasado de resolver necesidades del campo y el ganado a responder también a un público que busca piezas de uso cotidiano, hechas a mano y con identidad propia. Esa capacidad de adaptarse, sin renunciar a la técnica que lo define, es parte de lo que mantiene vivo al oficio.

Elegir una pieza de cuero trabajada a mano en Fuerteventura significa, además, apoyar directamente a quienes mantienen este oficio activo en la isla, frente a una producción industrial que difícilmente puede igualar el tiempo y la atención que lleva cada pieza artesanal. Es una forma sencilla de que la marroquinería siga teniendo futuro en Fuerteventura, no solo memoria. Para conocer a estos y otros artesanos del cuero, el Directorio de Artesanos de Fuerteventura es un buen punto de partida.

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